Me has roto el corazón tantas veces
y con tantísima crueldad,
que tú no notas,
que he acabado por creer que eso es normal
y que me lo merezco;
que tal vez es que soy de verdad
inútil o egoísta o torpe o fea
o todo a la vez
y debo serlo,
sino, me querrías
y no estaría en este hueco
entre tu indiferencia y tu desprecio.
Pero aun no tuve tiempo de hacerte algún daño;
tal vez así soy,
un conjunto intrínseco de imperfecciones,
un fracaso.
Me siento sola.
Me odio ahora, te odio.
Odio a todo el mundo.
Tengo cinco años y odio a todo el mundo,
principalmente a mí y por eso lloro.
Y me gritan y me dicen que me calle.
Entonces me callo.
Desde entonces solo me callo.